Si alguien se pone malo: quién llama, qué se lleva encima y qué haces con el resto del viaje
Lo primero, otra vez sin adornos: los números de emergencia, cómo funciona la sanidad para un extranjero en Japón y qué cubre tu seguro están en la ficha de sanidad de Japón de esta web, comprobada contra la ficha oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ahí están los datos. Aquí va la logística, que es lo que se agradece a las tres de la mañana.
Quién llama, por orden:
- La recepción de tu alojamiento. Es el mejor recurso que tienes y casi nadie lo usa: llaman ellos, en japonés, y saben a qué centro mandarte. Si estás en un hotel, empieza aquí siempre.
- El número de emergencias, si la cosa es urgente de verdad. Está en la ficha de emergencias de Japón de esta web.
- Tu seguro de viaje, en cuanto puedas. Muchos exigen avisar antes de ir, y esa llamada decide si te devuelven el dinero.
- Y el consulado, si el asunto es grave o largo. También en la ficha de emergencias.
Lo que hay que llevar encima desde el día uno, y son cinco minutos de preparación:
- El número de póliza del seguro y su teléfono, en el móvil y en papel. Buscar un correo de hace tres meses en una sala de espera es lo peor.
- Los medicamentos que tomas, con el nombre del principio activo, no solo la marca española: la lista de sustancias controladas del Ministerio de Sanidad japonés va por principio activo y no incluye nombres comerciales.
- Las alergias escritas, a poder ser también en japonés: el MAEC avisa de que «pocos médicos y enfermeras hablan inglés».
- La dirección del alojamiento en japonés, en papel.
- Y efectivo. Puede hacer falta pagar y reclamar después.
Una advertencia que conviene mirar ANTES de hacer la maleta: Japón controla qué medicamentos se pueden meter en el país: su Ministerio de Sanidad avisa de que algunos no entran «even if these are prescription medicines in your country», y de que otros -la codeína o la pseudoefedrina, por ejemplo- necesitan un permiso pedido antes de viajar. Eso no es un plan B: es una comprobación de antes de salir, y está en el bloque de antes de salir de este destino.
Y ahora la parte que nadie escribe: qué haces con el viaje.
- Si es un día perdido, es un día perdido. No intentes recuperar el itinerario al día siguiente metiendo el doble: es cuando la gente se pone peor.
- Cambia el orden, no el contenido. Los días de andar mucho -la ladera de templos, la montaña, Nara- se mueven al final; los de ciudad llana y comida, al principio.
- Si el que está malo es uno de dos, que el otro no se quede en la habitación por solidaridad los tres días. Turnaos. Se lleva mejor.
- Y si hay que acortar el viaje, decídelo pronto. Cambiar vuelos y hoteles con margen es caro; hacerlo el mismo día, mucho más.
Con niños, una más: el calor. La Agencia de la Infancia y la Familia de Japón lo resume así: los niños aguantan peor el calor que los adultos, porque su cuerpo tarda más en sudar y en enfriarse y, al ser más bajos, les llega más el calor que rebota del suelo. Y no siempre saben decir que se encuentran mal: fíjate en su cara y en cuánto sudan. Agua y algo de sal a menudo, gorra, sombra y parar a mediodía.