Los 10 destinos abiertos

Kioto · 6 apartados

Si algo sale mal en Kioto

Llueve, está cerrado, hay demasiada gente o alguien se pone malo. Qué se hace en cada caso, escrito antes de que pase.

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Si alguien se pone malo: quién llama, qué se lleva encima y qué haces con el resto del viaje

Lo primero, otra vez sin adornos: los números de emergencia, cómo funciona la sanidad para un extranjero en Japón y qué cubre tu seguro están en la ficha de sanidad de Japón de esta web, comprobada contra la ficha oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ahí están los datos. Aquí va la logística, que es lo que se agradece a las tres de la mañana.

Quién llama, por orden:

  1. La recepción de tu alojamiento. Es el mejor recurso que tienes y casi nadie lo usa: llaman ellos, en japonés, y saben a qué centro mandarte. Si estás en un hotel, empieza aquí siempre.
  2. El número de emergencias, si la cosa es urgente de verdad. Está en la ficha de emergencias de Japón de esta web.
  3. Tu seguro de viaje, en cuanto puedas. Muchos exigen avisar antes de ir, y esa llamada decide si te devuelven el dinero.
  4. Y el consulado, si el asunto es grave o largo. También en la ficha de emergencias.

Lo que hay que llevar encima desde el día uno, y son cinco minutos de preparación:

  • El número de póliza del seguro y su teléfono, en el móvil y en papel. Buscar un correo de hace tres meses en una sala de espera es lo peor.
  • Los medicamentos que tomas, con el nombre del principio activo, no solo la marca española: la lista de sustancias controladas del Ministerio de Sanidad japonés va por principio activo y no incluye nombres comerciales.
  • Las alergias escritas, a poder ser también en japonés: el MAEC avisa de que «pocos médicos y enfermeras hablan inglés».
  • La dirección del alojamiento en japonés, en papel.
  • Y efectivo. Puede hacer falta pagar y reclamar después.

Una advertencia que conviene mirar ANTES de hacer la maleta: Japón controla qué medicamentos se pueden meter en el país: su Ministerio de Sanidad avisa de que algunos no entran «even if these are prescription medicines in your country», y de que otros -la codeína o la pseudoefedrina, por ejemplo- necesitan un permiso pedido antes de viajar. Eso no es un plan B: es una comprobación de antes de salir, y está en el bloque de antes de salir de este destino.

Y ahora la parte que nadie escribe: qué haces con el viaje.

  • Si es un día perdido, es un día perdido. No intentes recuperar el itinerario al día siguiente metiendo el doble: es cuando la gente se pone peor.
  • Cambia el orden, no el contenido. Los días de andar mucho -la ladera de templos, la montaña, Nara- se mueven al final; los de ciudad llana y comida, al principio.
  • Si el que está malo es uno de dos, que el otro no se quede en la habitación por solidaridad los tres días. Turnaos. Se lleva mejor.
  • Y si hay que acortar el viaje, decídelo pronto. Cambiar vuelos y hoteles con margen es caro; hacerlo el mismo día, mucho más.

Con niños, una más: el calor. La Agencia de la Infancia y la Familia de Japón lo resume así: los niños aguantan peor el calor que los adultos, porque su cuerpo tarda más en sudar y en enfriarse y, al ser más bajos, les llega más el calor que rebota del suelo. Y no siempre saben decir que se encuentran mal: fíjate en su cara y en cuánto sudan. Agua y algo de sal a menudo, gorra, sombra y parar a mediodía.

Si aprieta el calor: Kioto es una olla entre montañas, y el día se parte en dos

Kioto está metida en un valle rodeado de montañas por tres lados, y en verano eso significa una cosa: el aire no se mueve. Calor y humedad a la vez, sin brisa. Y la humedad cuenta: el Ministerio de Medio Ambiente japonés pone la humedad alta y el viento flojo, junto a la temperatura, entre las condiciones del entorno que provocan el golpe de calor.

La solución no es aguantar. Es partir el día en dos y rendirse a mediodía.

El día de verano que funciona aquí:

  • De siete a once de la mañana: los templos, la ladera, el bosque. A esa hora hace fresco y además no hay nadie. Es la mejor jornada del viaje disfrazada de madrugón.
  • De once a cuatro: bajo techo y con aire. Comida larga, museo, sótano de grandes almacenes, casa de té, una siesta de verdad en el hotel. Sin culpa.
  • De cuatro en adelante: el río, los callejones, la ciudad encendiéndose. Es cuando Kioto se pone bonita, además.

Y si quieres huir del calor de verdad, este viaje tiene dos salidas de las buenas:

  • Las montañas del norte de Kioto. Se sube en tren desde la ciudad, el bosque da sombra todo el camino y ahí arriba se está a otra temperatura. Es el sitio al que va la gente de Kioto en agosto, y en verano hay comedores montados literalmente sobre el río, con el agua corriendo por debajo. Está en las actividades de este destino.
  • El agua. El paseo del río en la ciudad, las orillas del oeste. Andar junto al agua a última hora cambia el día.

Lo que hay que llevar encima sí o sí:

  • Agua, y más de la que crees. Hay máquinas por todas partes, pero en mitad de una ladera de templos no.
  • Toallita de mano. Aquí la lleva todo el mundo, y hay una razón: muchos baños públicos no tienen con qué secarse. Es el objeto más útil del viaje en agosto.
  • Sombrero o sombrilla. La sombrilla de sol no es cosa de abuelas: la usa gente de todas las edades y funciona.
  • Y sal o bebida isotónica. El Ministerio de Medio Ambiente pide, con alerta de calor, descansos frecuentes y agua y sal a menudo.

Con niños o con gente mayor, esto no es un consejo: es el plan. El mismo ministerio avisa de que a los mayores y a los niños el golpe de calor les da con más facilidad. A mediodía, dentro.

Los grados exactos, mes a mes, están en el bloque de clima de este destino, con las normales oficiales de treinta años. Míralos antes de elegir las fechas - es la decisión que más cambia este viaje.

Si el sitio está cerrado, en obras o hay que haberlo pedido antes

Tres cosas tumban un plan en Kioto, y las tres se arreglan la víspera y no el mismo día.

1. Está cerrado ese día. Los días de cierre y los horarios cambian por templo, por museo y por temporada, y no hay una regla común que sirva para todos. Míralo en la web de cada sitio la noche antes. Es el consejo más aburrido de este destino y el que más días salva.

2. Está en obras. Los templos de madera de Japón se restauran constantemente y por partes: es la manera en que llevan mil años en pie. Puede tocarte el edificio principal envuelto en andamios. No cancela el día -el jardín, el resto del recinto y la vista siguen ahí-, pero si ibas exactamente a por esa foto, míralo antes de organizar la mañana alrededor.

3. Hay que haberlo pedido con antelación. Algunos recintos de Kioto no se visitan llegando: hay que solicitarlo antes por el cauce oficial, y a veces con bastante margen. No te decimos aquí cuáles ni cómo, porque el procedimiento cambia y no lo damos de memoria - está en el bloque de entradas y reservas de este destino, con la fuente delante. Léelo cuando montes el itinerario, no la semana de irte.

Y lo mismo con las aperturas nocturnas, que son de lo mejor que tiene esta ciudad: son por temporada, cambian de fechas cada año y las plazas se acaban. Si tu viaje coincide con una, entérate al llegar, no el último día.

El plan B, que en Kioto es genuinamente fácil:

  • Al lado de cada sitio famoso hay otro que no lo es. Esta ciudad tiene cientos de templos: el de al lado suele estar abierto, vacío y ser precioso.
  • Cambia el orden del viaje, no el contenido. Si el plan de hoy está cerrado, haz el de pasado mañana hoy. Con las distancias de esta ciudad, casi siempre se puede.
  • Y ten siempre un plan de interior en la recámara: el mercado cubierto, un museo, el sótano de un gran almacén, la propia estación.

La regla de fondo de este bloque, y de este destino entero: la víspera, cinco minutos. Mirar los horarios de mañana la noche antes es lo que separa un viaje que funciona de uno lleno de puertas cerradas.

Si hay demasiada gente: el problema real de Kioto, y las cuatro maneras de esquivarlo

Este es el plan B más importante de este destino, y el que menos gente lleva preparado. Kioto no tiene un problema de lluvia ni de transporte: tiene un problema de cantidad de gente, concentrada en unos pocos sitios y en unas pocas horas. La diferencia entre un viaje precioso y un viaje agotador es saber qué hacer cuando llegas y no se anda.

Primero, el diagnóstico, porque cambia la solución: en Kioto casi toda la masificación es de hora y de sitio, no de día. El mismo templo a las ocho de la mañana y a las doce son dos lugares distintos. Eso significa que casi siempre tiene arreglo.

Las cuatro maneras de esquivarlo, por orden de eficacia:

1. Cambia la hora, no el plan. Es la que funciona casi siempre. Los sitios famosos de Kioto están vacíos hasta media mañana y se vacían otra vez al final de la tarde. Si has llegado a las once y aquello es una marea, date la vuelta y vuelve mañana a las siete. Vas a ver otro sitio.

2. Cambia de ladera. La ciudad tiene cuatro o cinco zonas de templos y la gente se reparte fatal entre ellas: hay dos que absorben casi todo. Los templos del noroeste y del norte tienen jardines igual de buenos con una fracción de la gente.

3. Vete de la ciudad. Este viaje tiene tres salidas montadas justo para esto: el pueblo del té al sur, las montañas del norte y el templo antiguo del oeste de Nara. Están en las actividades de este destino, son medio día o un día, y en todas hay menos gente que en el centro de Kioto un martes.

4. Y la que nadie usa: quédate quieto. El paseo del río, un jardín pequeño de barrio, una casa de té, la cuadrícula del centro andando sin rumbo. Kioto aguanta perfectamente un día sin monumentos, y suele ser el día que la gente recuerda.

Lo que NO funciona, dicho para que no lo intentes:

  • Madrugar a medias. Llegar a las nueve y media no sirve de nada: o vas a primera hora de verdad, o da igual.
  • Ir a lo famoso en fin de semana o en fiesta. Es el día en que además viaja el propio país.
  • Y encadenar dos sitios famosos el mismo día. Vas a pasar la jornada en el autobús, lleno, entre dos aglomeraciones.

Y una cosa que conviene tener en la cabeza mientras te agobias: la gente que vive aquí también está en ese autobús, yendo a trabajar. La ladera este a primera hora es de los vecinos y del reparto. Cuanto más temprano vas, menos estorbas - que es la otra razón, además de la foto, para poner el despertador.

Si hay tifón o tiembla: lo que hay que hacer ya está escrito, y aquí va lo otro - qué pasa con tu viaje

Lo primero, y va sin adornos: qué se hace en un terremoto o en un tifón no lo improvisamos aquí. Está en la ficha de emergencias de Japón de esta web, escrita contra la ficha oficial de recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores, con las aplicaciones oficiales de aviso que conviene llevar instaladas antes de salir de casa. Léela antes del viaje, no durante. Si estás leyendo esto con el móvil sonando, ve allí.

Lo que sí resolvemos aquí es lo otro, que nadie cuenta: qué pasa con tu viaje.

Con un tifón, que es lo que más probablemente te toque:

  • Se sabe con días de antelación. No aparece de golpe: vas a tener aviso, y eso permite mover cosas.
  • Lo que se para es el transporte, y se para a propósito y anunciado. Trenes y vuelos se cancelan de forma preventiva, con horas de margen. Si el aviso pilla tu día de traslado o tu vuelo de vuelta, muévelo tú antes de que te lo muevan.
  • El día del tifón no es un día de turismo. Es un día de hotel. Y está bien que lo sea: es el día del sótano de comida, del museo del barrio y de la habitación. No intentes salvar el itinerario.
  • Haz la compra la víspera. Agua y comida para el día. Las tiendas se vacían de lo evidente.
  • Y si vas justo de días, replantea el viaje entero en cuanto veas el aviso, no cuando ya no salgan los trenes.

Con un temblor, que es mucho más probable que sea pequeño:

  • Los temblores pequeños son parte normal de la vida aquí y no paran nada. Que la lámpara se mueva no significa que el viaje se haya acabado.
  • Después de uno notable, el tren se detiene un rato para revisar la vía. Es lo normal y es lo que quieres que hagan. Cuenta con retrasos ese día y no con una catástrofe.
  • La información buena la dan las autoridades y la televisión pública, no las redes. Eso también está en la ficha de emergencias, y es importante.

Lo que conviene tener listo desde el primer día, y cuesta diez minutos:

  • Las aplicaciones de aviso instaladas - están nombradas en la ficha de emergencias de Japón de esta web.
  • La batería del móvil por encima de la mitad, siempre. Y una batería externa.
  • Efectivo encima. Si se va la luz, las tarjetas no valen.
  • La dirección del hotel escrita en japonés, en papel.
  • Y saber dónde está el punto de evacuación de tu barrio. Están señalizados y suele haber uno a pocas manzanas. Míralo el primer día, en dos minutos, y olvídate.

Perspectiva, para terminar: Japón lleva un siglo construyendo para esto y el país sabe hacerlo. Lo que se te pide como visitante no es valentía: es hacer caso y no estorbar.

Si llueve en Kioto: la buena noticia es que media ciudad se ve mejor mojada

Empecemos por lo que nadie te dice: en Kioto, la lluvia no es un plan B. Es una versión mejor de la mitad de las cosas.

Los jardines de musgo, la piedra y la madera de los templos están hechos para el agua, y con lluvia el color cambia entero: el verde se enciende, la piedra se oscurece y el sitio se queda vacío. Un jardín zen con lluvia fina y cuatro personas es una experiencia que la gente que fue en un día soleado de octubre no ha tenido.

Así que lo primero: no canceles el día de templos. Cámbialo de sitio.

  • Elige templos de jardín cerrado y galería cubierta, donde se ve sentado y bajo techo.
  • Deja para otro día el bosque y la montaña, que con barro es otra cosa.
  • Y quítate de la ladera empedrada: esas cuestas con agua resbalan de verdad.

Si la lluvia es del tipo que no deja salir, los planes bajo techo de este viaje son mejores de lo que parece:

  • El mercado cubierto del centro de Kioto, que son varias manzanas techadas de comer de puesto en puesto.
  • Los sótanos de comida de los grandes almacenes, que son un mercado de lujo bajo tierra y una visita en sí misma.
  • La estación de Kioto, que es un edificio moderno enorme con escalinata, pasarelas y azotea: suena a matar el rato y es de las mejores vistas de la ciudad.
  • Las galerías comerciales cubiertas de Osaka, que se recorren durante kilómetros sin mojarse. Si el día es de agua y estás cerca de Osaka, ese es el día de Osaka.
  • Museos y casas de té, que es donde una tarde de lluvia se convierte en el mejor recuerdo del viaje.

Lo práctico del agua en Japón, que aquí está resuelto mejor que en ningún sitio:

  • El paraguas se compra en cualquier tienda de veinticuatro horas y cuesta poco. No cargues uno desde casa.
  • A la entrada de muchos comercios y museos hay soporte para dejarlo o una bolsa de plástico para llevarlo. Entrar goteando no se hace: usa lo que haya en la puerta.
  • El chubasquero es mejor que el paraguas si vas en bici, y en Kioto vas a ver a medio mundo pedaleando con él.
  • Y lleva los pies secos. Es un viaje de descalzarse en los templos: entrar con el calcetín empapado es el pequeño desastre del día. Un par de repuesto en la mochila.

Y una cosa de calendario, sin números porque los números están en el bloque de clima de este destino: hay una época del año en que aquí llueve mucho más, y es larga. Si tu viaje cae en ella, no la esquives: planifícala. Míralo antes de cerrar el itinerario.

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