A pie y en bicicleta: Kioto es llana y es una cuadrícula, y eso cambia el día
Kioto está trazada en cuadrícula, es llana en el centro y es más pequeña de lo que parece en el mapa. Dos de las mejores cosas que se hacen aquí no cuestan nada: andar y pedalear.
Andando:
- El centro se cruza a pie en menos de lo que crees. Las calles principales son rectas y van de norte a sur y de este a oeste; en cuanto entiendes la cuadrícula, dejas de perderte.
- El paseo del río, de norte a sur, es el eje natural de la ciudad y enlaza medio itinerario sin coger un autobús.
- El camino del canal bajo los árboles, en la ladera este, es un trayecto entre templos que es en sí mismo la visita: no es el camino hacia algo, es el algo.
- Lo que NO es llano es la ladera este. Cuestas de piedra pulida, y con lluvia resbalan: calzado con suela que agarre, no zapatilla lisa.
En bicicleta:
- Kioto es de las ciudades japonesas donde la bici tiene más sentido: plana, en cuadrícula y con distancias cortas entre barrios. Es lo que hace la propia gente de aquí.
- Te resuelve justo lo que el autobús hace mal: los saltos medianos entre barrios, sin depender de una línea que va llena.
- Y ahora lo importante: dónde se puede dejar la bicicleta en Kioto está regulado, y no es donde a uno le parece. No lo contamos aquí de memoria - está en el bloque de normas de este destino, con la fuente delante. Mientras tanto, pregunta en el sitio donde la alquiles antes de salir con ella: te van a decir dónde se deja.
- Con niños pequeños, mejor no. El tráfico del centro es tranquilo pero constante y las aceras se comparten.
Lo que aplica a las dos:
- En verano esto es un horno, y llueve mucho más de lo que la gente espera. El bloque de clima de este destino lo tiene mes a mes, con las normales oficiales de treinta años. Míralo antes de decidir cuánto vas a andar.
- Empieza temprano. Es el consejo que más se repite en este destino y es el mismo por el que a las nueve de la mañana ya has hecho lo mejor del día.
- Y lleva agua. Hay máquinas por todas partes, pero en la ladera, en agosto, entre templo y templo, se agradece no depender de encontrarlas.