Barrio Latino y Saint-Germain: la trampa de la calle bonita y dónde está lo bueno
Aquí conviven la peor y la mejor comida del centro, a veces en la misma manzana. La diferencia se aprende en dos minutos.
La trampa, primero, porque es enorme. Las calles peatonales estrechas que bajan hacia el río, entre la plaza de la iglesia grande y los muelles, son el mayor concentrado de menús turísticos de París: cartas en seis idiomas, expositores de marisco en la puerta, camareros que te llaman en español, y «menú 19 € tres platos». Es comida congelada y recalentada. La zona es preciosa y por eso funciona. Pasear por ahí, sí; comer, no.
Dónde está lo bueno, en tres frentes:
- La calle en cuesta del mercado, subiendo desde el río hacia el sur. La parte alta -la de arriba del todo- es de vecinos: bistrós pequeños, quesería, panadería con cola, frutería. Ahí se come de verdad.
- Las calles interiores de Saint-Germain, hacia el oeste y lejos del bulevar: bistrós clásicos con mantel de papel, pizarra y menú de mediodía de 20-28 € estimado.
- La zona alrededor de la universidad y del Panteón: comida de estudiante, buena y barata, con mucha cocina del mundo. Se come por 10-15 € estimado.
Los cafés históricos de la esquina de Saint-Germain son parte de la historia literaria de Europa y cobran esa historia: un café cuesta ahí tres o cuatro veces lo normal. Es legítimo pagarlo una vez por sentarse donde se sentaron; comer allí es otra decisión.
La regla de oro de todo París, que aquí salva más que en ningún sitio: si el sitio tiene carta en varios idiomas con fotos, si alguien te llama desde la puerta o si está lleno solo de gente con mochila y plano, sigue andando. Si tiene pizarra manuscrita, carta corta y clientela hablando francés, entra.
Y a mediodía entre semana, siempre el menú del día: es la misma cocina que la carta de noche a la mitad de precio.