La cerradura del Aventino: mirar por un ojo y ver San Pedro encuadrado
Dura literalmente un minuto y es de las cosas que más gente cuenta al volver.
En una plaza tranquila de la colina del Aventino hay una puerta verde, la de la sede de la Orden de Malta. Se mira por el ojo de la cerradura y al fondo, perfectamente centrada al final de un seto recortado que hace de túnel, aparece la cúpula de San Pedro. El encuadre es tan exacto que parece diseñado, y probablemente lo esté.
Hay una peculiaridad que le da gracia: mirando por ahí se ven tres estados a la vez -la Orden, Italia y el Vaticano-, algo que no pasa en ningún otro sitio.
Práctico: suele haber una cola pequeña y ordenada, de cinco o diez personas. Fotografiarlo bien es difícil con el móvil: hay que pegar el objetivo al ojo de la cerradura y enfocar al fondo, no a la puerta. A primera hora de la mañana no hay nadie.
Y no te vayas sin las dos cosas de al lado, que son mejores que la cerradura y están a dos minutos: el Jardín de los Naranjos, un mirador con naranjos y toda Roma delante, y la basílica de Santa Sabina, del siglo V, con columnas antiguas, luz filtrada y una puerta de madera de cedro con una de las crucifixiones más antiguas que se conservan. Las dos son gratis.