Los 10 destinos abiertos

Roma · 6 apartados

Dónde comer en Roma

Zonas, no reservas. Qué se come en cada barrio, a qué hora y qué esperar del precio - para que elijas tú cuando estés delante.

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Alrededor de los monumentos: la peor zona para comer, y qué hacer

Este bloque es un aviso, no una recomendación. Las calles inmediatamente alrededor de la Fontana de Trevi, el Panteón, Piazza Navona, la plaza de España y el Coliseo son, con diferencia, donde peor y más caro se come de Roma.

No es mala suerte: es un flujo enorme de gente que pasa una vez y no va a volver a quejarse. La pasta sale precocinada, el precio es el doble y el trato es el que corresponde a un cliente que no vuelve.

Las señales de alarma, y basta con una:

  • Carta con fotos de los platos.
  • Carta en seis idiomas con banderitas.
  • Camarero en la puerta invitándote a entrar. En Roma, un buen restaurante no necesita salir a buscarte.
  • «Menú turístico» con precio cerrado expuesto en la acera.
  • Todo lo típico junto: carbonara, lasaña, pizza y ensalada César en la misma carta.

Los timos concretos de esta zona: el café sentado en terraza con vista puede costar cinco veces lo que en la barra de dos calles más allá -es legal, tiene que estar en la carta, pero se aprovecha de que nadie la mira-; y la cuenta con conceptos que no pediste. Pide siempre la carta con precios antes de sentarte y pide el recibo al pagar.

Las tres salidas, por orden de calidad:

1. Andar tres calles. Es literal. A doscientos metros de casi cualquier monumento hay barrio normal. Desde el Panteón, hacia el este; desde el Coliseo, subiendo a Monti; desde la plaza de España, hacia el norte. El precio baja a la mitad.

2. Comer de pie, que aquí es normal y bueno. Pizza al corte por peso, o un bocadillo en una tienda de embutidos, y te lo comes en una plaza. 4-8 € estimado y comes mejor que en la terraza de al lado.

3. El café, en la barra. En Italia se toma de pie: pides, te lo bebes en dos tragos y te vas. Cuesta poco más de un euro y es el mismo café que sentado te cobran cinco veces más.

Si aun así quieres sentarte con vistas, hazlo sabiendo lo que pagas y elige el mediodía: hay sitios con menú de comida que a la noche cobran el doble por lo mismo.

Comer trabajando: las zonas de oficinas, el aperitivo y las reglas que se notan

Las zonas de trabajo de Roma son tres -el EUR al sur, el eje del centro y la Vía Veneto, y Prati al norte- y en las tres se come de forma parecida y muy distinta a la del visitante.

El almuerzo de diario es rápido y normal. Hay menú de trabajo en las trattorias cercanas a las oficinas: primero, segundo, agua y café, 12-20 € estimado. La franja es de 13:00 a 14:30 y se llena entera: si vas a las 13:30 sin reserva, esperas.

La comida de trabajo de verdad es otra cosa y va en su propio bloque de días tipo: dura dos horas, empieza por conversación y el asunto entra con el segundo plato. Para esa, reserva y elige sitio de mesa, tranquilo y alejado de las plazas turísticas - llevar a un cliente romano a un local con carta en seis idiomas dice algo de ti que no quieres decir.

El aperitivo, que es la herramienta más útil que tiene esta ciudad para los negocios. Entre las 18:30 y las 20:00 se toma una copa con algo de picar en el precio. Sirve para seguir hablando sin que sea otra reunión y para cerrar un día sin comprometer la noche. 10-18 € estimado con la consumición incluida.

El café, y esto se nota mucho. En Italia se toma en la barra, de pie, en dos minutos: se pide, se bebe y se va. Un café después de comer es un espresso, corto. El capuchino después de comer no se pide - no es una regla escrita, pero te van a mirar. Con leche, solo por la mañana.

Las reglas de mesa que se notan aunque nadie las diga: no se pide queso rallado para un plato de pescado, la pasta no se corta con cuchillo, no se pide pan para mojar antes de que llegue la comida, y quien invita es quien ha convocado - ofrécete, insiste una vez y acepta a la segunda.

La cuenta. En Roma no puede aparecer el coperto, el cargo fijo por comensal por el pan y el servicio de mesa: cuando se sirve en mesa, la ley regional del Lacio dice que está «fatto divieto di applicare costi aggiuntivi per il coperto», y obliga a dar la carta con precios antes de pedir, con el servicio indicado si se cobra. La propina no es obligatoria ni se espera un porcentaje: se redondea, o se deja algo si ha ido especialmente bien. Pide siempre el recibo.

Y agosto: en la segunda quincena media Roma cierra, restaurantes de barrio incluidos. Si tienes una comida de trabajo en esas fechas, confirma que el sitio abre.

Monti y el barrio judío: a un paso del Coliseo y en otro mundo

Son los dos barrios que salvan la comida de quien pasa el día en la Roma monumental, porque están pegados a ella y no se han rendido.

Monti

Subiendo desde el Coliseo, un barrio de calles empinadas, hiedra y plazas pequeñas que sigue siendo de vecinos. Es la mejor zona para cenar si duermes cerca de la estación central o del Coliseo.

Hay enotecas donde se pide por copas y se cena de tabla de embutido y queso, trattorias pequeñas con carta corta del día, y sitios de cocina algo más moderna. La plaza con fuente del centro del barrio es donde se sienta todo el mundo a tomar algo al atardecer.

Precios estimados: cena de dos platos con vino, 28-40 €; una tabla y dos copas, 15-20 €. Menú de mediodía entre semana, 12-18 €.

El barrio judío

Al otro lado, entre el río y el centro, la cocina judeorromana, que es una de las mejores cosas que se comen en esta ciudad y no se parece a nada.

Los platos: la alcachofa a la judía -abierta como una flor y frita entera, crujiente por fuera y tierna dentro-, que es de temporada de invierno y primavera; las flores de calabacín rebozadas rellenas de anchoa y mozzarella; el bacalao frito; y la tarta de ricotta y guindas de las pastelerías del barrio.

Precios estimados: comida de dos platos, 30-45 €. Los fritos como aperitivo salen mucho más baratos.

Lo que hay que saber para no plantarse en la puerta cerrada: buena parte del barrio cierra el sábado por el sabbat, y algunos sitios cierran también el viernes por la tarde. Si tu único día libre es sábado, cambia el plan.

Ventaja de las dos zonas: están a diez minutos andando de los grandes monumentos y no tienen ni una carta con fotos. Es el mejor cambio de calidad por distancia que ofrece Roma.

Prati: la solución para el día del Vaticano

El entorno inmediato de la basílica y de los Museos Vaticanos es una trampa: filas de restaurantes con menú turístico, terrazas caras y comida mediocre, porque son miles de personas al día saliendo con hambre a la vez.

La solución está a cinco minutos andando y se llama Prati. Es un barrio de principios del siglo XX, de calles anchas y rectas, edificios señoriales y clase media acomodada - el barrio más burgués y ordenado del centro de Roma, y por eso mismo se come honestamente.

Qué hay:

  • Trattorias de barrio de toda la vida, con menú de mediodía para oficinistas y abogados de los juzgados que hay al lado. Menú de mediodía 14-20 € estimado, y es la misma cocina que de noche cuesta el doble.
  • Pizzerías romanas de las buenas, de masa fina, para cenar sin ceremonia.
  • Una calle comercial larga con tiendas de boca -panadería, embutidos, quesería, frutería- perfecta para montar un picnic antes de entrar al Vaticano.
  • Heladerías de verdad. Regla para distinguirlas: si el helado está en montañas de colores brillantes que sobresalen de la cubeta, es industrial. El bueno está en cubetas metálicas tapadas, con colores apagados -el pistacho es marrón verdoso, no verde fosforito.

La estrategia del día del Vaticano, que es lo útil de este bloque: los Museos son tres horas largas de kilómetros de pasillo y se sale agotado y con hambre a una hora rara. Come antes en Prati, o compra el picnic antes y siéntate en una plaza al salir. Lo que no funciona es salir a las 15:30 buscando mesa junto a la muralla vaticana.

Precios estimados: comida de dos platos, 25-35 €; pizza y cerveza, 15-20 €.

Práctico: hay metro y tranvía, y desde aquí se llega andando a la basílica en diez minutos y al castillo de Sant'Angelo en cinco. Los domingos muchos comercios cierran, pero los restaurantes abren.

Testaccio y Ostiense: donde nació la cocina romana y donde rinde el dinero

Si te interesa comer bien en Roma, este es el barrio. Testaccio creció alrededor del matadero de la ciudad, y de ahí sale la mitad del recetario romano. Sigue siendo un barrio de vecinos y los precios son de barrio.

El mercado cubierto es la mejor comida barata de Roma. Por la mañana es mercado de verdad -verdura de temporada, carnicerías con guanciale y pecorino romano, pescado- y a mediodía varios puestos sirven comida caliente: bocadillos de cocido, pasta del día, pizza al corte, fritos. Se pide en cada puesto, se paga en cada uno y se come de pie o en mesas comunes. Se come muy bien por 8-15 € estimado y la mitad de la gente es del barrio. Abre por la mañana y cierra a primera hora de la tarde, de lunes a sábado; el domingo está cerrado.

Para sentarse, el barrio está lleno de trattorias de toda la vida con mantel de papel y la carta corta escrita a mano. Aquí es donde se come la casquería clásica si te apetece probarla, y donde los cuatro platos de pasta están mejor hechos. Cena de 25-35 € estimado con vino.

La pizza al corte, que es una institución romana: se pide señalando y por peso, te lo cortan con tijera, te lo pesan y te lo envuelven. Se come andando. 3-6 € estimado y es la mejor comida rápida de la ciudad.

Ostiense, al lado, es más joven: naves industriales recicladas, murales enormes, cervecerías y sitios de cena informal. Es donde sale la gente de treinta años entre semana.

Por qué te conviene aunque no duermas aquí: está a un par de paradas de metro del centro, no hay ni un restaurante para turistas, y encadena de maravilla con la Centrale Montemartini, la pirámide y el cementerio acatólico. Una tarde en Testaccio es de las mejores decisiones de un viaje a Roma.

Comer en Trastevere: dónde acaba lo bueno y empieza el decorado

Es el barrio de cena por excelencia de Roma y también el que más ha cambiado. Se come muy bien y se come muy mal, a veces en la misma calle.

La regla que lo resuelve todo aquí: aléjate de la plaza principal. El perímetro de la plaza grande y las dos calles que llegan a ella son terrazas con carta plastificada, fotos de los platos y camarero llamándote desde la puerta. Esos tres signos juntos significan siempre lo mismo. Métete al norte y al oeste, hacia las calles estrechas sin terrazas, y el precio baja un tercio y la cocina sube dos.

Qué se come. Aquí está la cocina romana de taberna: los cuatro platos de pasta que hay que probar -cacio e pepe, gricia, amatriciana y carbonara-, la casquería de la tradición del matadero para el que se atreva, la alcachofa, el bacalao rebozado que se come de pie en las freidurías, y la pizza romana, fina y crujiente, que no es la napolitana.

El dato que separa lo auténtico de lo turístico: la carbonara lleva huevo, pecorino, pimienta y guanciale -papada de cerdo curada-, y nada más. Ni nata, ni bacon, ni cebolla. Si en la carta pone «panna», estás en el sitio equivocado.

Precios estimados: una cena de dos platos con vino de la casa, 30-45 € por persona en un sitio de barrio; 20-25 € si comes pizza o un solo plato. El menú de mediodía es más raro aquí que en zonas de oficinas.

Horarios, que no se negocian: se come de 12:30 a 15:00 y se cena de 19:30 a 23:00. A las 18:00 la cocina está cerrada aunque el local esté abierto. Muchas trattorias cierran domingo noche o lunes entero.

Reserva para cenar, sobre todo de jueves a sábado. Y cena pronto para el estándar local, sobre las 20:00, si quieres sitio y conversación: a partir de las 21:30 esto se llena y se pone ruidoso.

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