Los 10 destinos abiertos

Hoi An · 28 apartados

Qué hacer en Hoi An

Qué es cada sitio y por qué merece la pena, por barrios. Sin listas de «imprescindibles»: lo que hay, cuánto lleva y qué conviene saber antes de ir.

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Un masaje a mediodía: el mejor uso posible de las horas en las que no se puede estar en la calle

En este viaje hay cuatro o cinco horas al día en las que salir a la calle no es una opción razonable -de once a tres o cuatro, según el mes- y esas horas hay que llenarlas con algo. El masaje es la mejor respuesta que tiene este país, y está en las cuatro zonas del viaje.

Qué esperar. Lo habitual es masaje de cuerpo entero con aceite, de una hora, en cabina o en sala compartida con separación. Hay también masaje de pies, que después de un día andando por el casco antiguo o subiendo escaleras en las Montañas de Mármol es probablemente mejor idea que el de cuerpo.

Lo que hay que saber para que salga bien:

  • Di la presión que quieres al empezar, y dilo otra vez a los cinco minutos si te has quedado corto. Aquí se aprieta bastante y no todo el mundo lo espera.
  • Avisa de lesiones, embarazo o problemas de espalda antes de tumbarte.
  • Reserva el mismo día por la mañana si es temporada alta.
  • El precio se acuerda antes, y suele haber una propina esperada al final. Cuánto y cómo está en el bloque de dinero del destino.

Dónde: hay sitios en el casco antiguo, en la zona de playa, en Da Nang y en Hue. En los hoteles cuesta bastante más y no es mejor.

Cómo se elige, sin nombres: que el sitio esté limpio y ordenado, que haya lista de precios visible, que la sala esté fresca y que no te capten en la calle con insistencia. Si hay que negociar en la acera, sigue andando.

Y un aviso serio y poco agradable de dar: existen locales que ofrecen otra cosa bajo el nombre de masaje. Se distinguen fácil -insistencia en la puerta, luz roja, horario nocturno, precios raros- y no es el sitio. Si el trato se vuelve incómodo, te levantas y te vas; no hay nada que discutir.

Para quien viaja sola, los sitios con lista de precios y sala de espera a la vista son la elección obvia.

Aldea de alfarería

La aldea de alfarería: quinientos años de hornos y un torno en el que te van a dejar probar

Río arriba, a unos tres kilómetros del casco antiguo, hay una aldea que hace cerámica desde hace más de cinco siglos. De aquí salieron las tejas y los ladrillos con los que se construyó el casco antiguo, y aquí se siguen haciendo.

Qué se ve:

  • Los hornos de leña, que siguen funcionando y que se encienden por tandas.
  • El torno de pie, movido por una segunda persona, que es como se ha trabajado siempre aquí.
  • El género apilado a secar en las calles de la aldea: tinajas, macetas, ollas, tejas.
  • Los silbatos de barro con forma de animal, que son el recuerdo clásico de esta aldea y cuestan poco.

Lo que se hace: casi todos los talleres te dejan sentarte al torno y probar, y sale mal, y es divertidísimo. Con niños es de las mejores horas del viaje.

Cómo se llega:

  • En bici, por el camino del río. Llano y bonito.
  • En barca, que es lo que hace la mayoría y suele encadenarse con la aldea de carpintería de la isla de enfrente.
  • A pie no, son demasiados kilómetros con este calor.

Cómo se hace bien:

  • Ve a los talleres de la calle de dentro, no a los tres primeros de la entrada.
  • Compra donde has visto trabajar. Sale mejor y más barato que en la tienda del centro, y el dinero se queda donde se hizo.
  • Piensa en el peso. La cerámica no va en equipaje de mano y se rompe. Que te la envuelvan en serio.

La letra pequeña: hay entrada a la aldea y algunos talleres cobran aparte el torno. Está en el bloque de compras del destino, comprobado.

Hora y media basta, y encaja bien encadenada con la carpintería.

Aldeas del sur de Hue

La aldea del incienso: los abanicos de varillas de colores secándose al sol

En el camino entre el centro de Hue y las tumbas imperiales hay una aldea que hace incienso desde hace siglos, y su imagen -manojos de varillas teñidas de rosa, morado, amarillo y rojo, abiertos en abanico delante de las casas- es una de las más fotografiadas del país.

Lo importante: sigue siendo un trabajo. Se ve amasar la pasta aromática -canela, sándalo, corteza, resina- y liar la varilla a mano o con una prensa de pedal, y luego se abren en abanico a secar al sol. No es un decorado montado, aunque los abanicos más vistosos estén colocados donde da la luz porque saben que la gente para a hacer fotos. Las dos cosas son verdad a la vez.

Qué se hace aquí:

  • Mirar y preguntar. Casi siempre te dejan probar a liar una varilla, y sale fatal.
  • Oler. Hay incienso de canela, de sándalo, de flor. La diferencia se nota mucho.
  • Comprar. Un paquete cuesta muy poco, pesa nada y es probablemente el mejor recuerdo que se puede traer de Hue. Cómpralo aquí, no en el mercado.
  • Y en la misma aldea suelen coserse los sombreros cónicos, que es el otro oficio de la zona.

Tres cuartos de hora, y encadena de forma natural con una tumba imperial: están en la misma carretera.

El trato, que aquí importa:

  • Pide permiso antes de fotografiar de cerca. Se dice que sí casi siempre y cambia el gesto de la foto.
  • Compra algo. Es lo que sostiene que se pueda entrar a mirar.
  • No regatees por céntimos a alguien que lía varillas a mano. Eso no es negociar.

En temporada de lluvias no hay abanicos fuera -no se puede secar- y la visita pierde justo lo que tiene. Es una parada de época seca.

Calles de sastres

Encargar ropa a medida: la primera visita, que es la que decide cómo sale todo

Esta es la visita de las medidas y de la tela, y hay que hacerla el primer día del viaje, no el último. Todo lo demás -pruebas, arreglos, recogida- depende de que esta se haga pronto.

Cuenta hora y media y no la hagas con prisa.

Cómo va:

  1. Enseñas lo que quieres. Una foto en el móvil es el idioma común. Una prenda tuya que te siente bien, traída de casa, es todavía mejor: la copian y aciertan.
  2. Eliges tela. Aquí está el noventa por ciento de la diferencia de precio y de resultado. Tócala, mírala al trasluz, pregunta la composición y desconfía del «cien por cien» dicho muy rápido. La lana y el lino se notan; el poliéster con nombre bonito, también.
  3. Te toman medidas. Muchas, y con la ropa puesta.
  4. Se acuerda el precio, prenda por prenda y por escrito, incluidos los arreglos y la recogida. Aquí se negocia, sin dramatismo y con sonrisa.
  5. Se fija la fecha de la primera prueba, que debería ser al día siguiente.

Qué compensa encargar: lo estructurado -americana, traje, abrigo, camisa de vestir, un vestido con forma-, que es lo que en España costaría una fortuna a medida. Lo que no compensa: camisetas, vestidos de tela finísima y caprichos de última hora.

Y una advertencia de dinero: no hay tarifa, hay lo que acuerdes. No decidas con prisa, ni de noche, ni con una copa encima. Si el trato te da mala espina, hay otro taller a treinta metros. Los precios reales y cómo va el regateo están en el bloque de dinero de este destino.

Piensa en el peso y el volumen de lo que vas a llevarte antes de encargar tres abrigos.

Casco antiguo

El puente cubierto japonés: el símbolo de la ciudad, y por qué es más raro de lo que parece

Es la imagen de Hoi An, la que sale en el billete de veinte mil dong, y se cruza en veinte pasos. Lo interesante no es el tamaño: es lo que significa.

Lo construyó la comunidad japonesa del puerto para unir su barrio con el barrio chino, al otro lado del canal. Es un puente con tejado, algo que aquí tiene sentido porque llueve como llueve, y con un templo pequeño encajado en un lateral - un puente con capilla dentro, que no es una combinación habitual en ningún sitio.

Lo que hay que mirar:

  • Las dos parejas de estatuas de los extremos: perros a un lado, monos al otro. La explicación que se da en la ciudad es que la obra empezó en un año del mono y terminó en uno del perro; hay otras versiones y ninguna cerrada.
  • La estructura de madera del techo desde dentro, que es lo mejor del puente.
  • El altar del lateral, dedicado a una divinidad protectora del clima.

Cómo se hace bien:

  • Ve al amanecer o a última hora. A media mañana hay cola para la foto y el puente es estrecho de verdad.
  • Míralo también desde abajo, desde la orilla del canal: se entiende mejor.
  • Y de noche, iluminado, es otra cosa.

La letra pequeña: el puente está dentro del casco antiguo, así que le aplica el billete de la zona - y cruzarlo puede requerir marcar una casilla del billete. La norma exacta está en el bloque de compras del destino, comprobada.

Ha sido restaurado varias veces, la última de forma reciente y a fondo, y eso se nota en el color. Hubo polémica local por lo nuevo que quedó. Si te lo esperabas más viejo, no es cosa tuya.

Entrar en una casa de comerciantes: fachada estrecha, patio en medio y el río por detrás

En el casco antiguo hay varias casas de familias de comerciantes que se visitan por dentro y que siguen habitadas por descendientes de los mismos. Es lo que de verdad explica cómo funcionaba este puerto.

La planta lo cuenta todo. Son casas muy estrechas de fachada y muy largas de fondo, porque el impuesto se pagaba por metros a la calle. Delante, la tienda. En medio, un patio abierto que da luz y saca el calor. Detrás, la vivienda y una puerta trasera que da al río: por ahí entraba y salía la mercancía, que era la razón de ser de la casa.

Lo que hay que buscar mientras la recorres:

  • Las marcas de las crecidas en la pared, con el año escrito al lado. Hay casas donde el agua ha llegado por encima de la cabeza. Es la mejor manera de entender lo que significa la temporada de lluvias aquí.
  • La mezcla de estilos: columnas y ensamblajes japoneses, tallas chinas, teja vietnamita. Todo en la misma casa y sin disimular.
  • El altar de los antepasados, que sigue en uso.
  • La polea del techo de la planta alta: cuando subía el agua, se izaban los muebles.

Cómo se hace bien:

  • Una o dos casas, no cinco. Se parecen entre sí y a la tercera dejas de mirar.
  • Ve pronto. Son casas pequeñas y con un grupo dentro no cabe nadie más.
  • Habla con quien te recibe. Suelen ser de la familia y cuentan cosas que no están en ningún cartel.

La letra pequeña: estas casas se entran con el billete del casco antiguo, que da acceso a un número limitado de sitios y hay que elegir. La norma está en el bloque de compras del destino. Son casas particulares: se pide permiso antes de fotografiar el interior y no se entra en las zonas privadas.

Hacer un farolillo de seda: hora y media sentado a la sombra y el mejor recuerdo posible

El farolillo de seda es el objeto que define a esta ciudad y hacerlo uno mismo es de las pocas actividades del viaje que combinan tres cosas difíciles de juntar aquí: está a cubierto, dura poco y sale con algo en la mano.

Cómo es el proceso:

  1. Se monta el armazón con listones de bambú partidos y una anilla arriba y otra abajo. El bambú se dobla en frío y hay que ir con tiento: se parte.
  2. Se atan las varillas una a una, y esta es la parte que cuesta.
  3. Se corta la seda en gajos, según la forma que hayas elegido - redondo, de calabaza, de rombo, de cebolla.
  4. Se pega gajo a gajo, tensando. Aquí se ve quién tiene paciencia.
  5. Se remata el borde y se pone el cordón.

Hora y media, más o menos, según lo grande que lo hagas.

Por qué merece la pena:

  • Se pliega. El armazón se cierra como un paraguas y cabe en la maleta sin problema, que es más de lo que se puede decir de casi cualquier otro recuerdo de este viaje.
  • Se hace con calor de mediodía, que es cuando no se puede estar en la calle.
  • Con niños funciona muy bien a partir de seis o siete años, con ayuda en la parte del bambú.

Cómo se elige el taller -sin nombres, que aquí cambian-: que se vea gente trabajando y género apilado, no un expositor con precio en inglés. Que te dejen elegir la seda de verdad. Y que el precio incluya el farol terminado y no te lo cobren aparte al final.

Una advertencia: hay sitios donde el «taller» consiste en pegar la tela sobre un armazón ya hecho en diez minutos. Se nota preguntando si se monta el bambú. Si la respuesta es que no, ese no es el taller.

Los salones de las asambleas chinas: los patios más bonitos de Hoi An y los más vacíos

Cada comunidad de comerciantes chinos que se instaló en este puerto -y fueron varias, cada una de una provincia distinta- construyó su propio salón de asamblea: mitad sede social, mitad templo. Se conservan varios en la misma calle y son, con diferencia, lo más espectacular del casco antiguo.

Qué se ve dentro: puertas de laca, dragones de cerámica rota en los tejados, patios con estanque, enormes espirales de incienso colgadas del techo que arden durante semanas, y altares dedicados sobre todo a la diosa protectora de los marinos, que era a quien se encomendaban los que se echaban al mar en aquella época.

El más grande tiene una puerta de tres vanos, un patio principal enorme y un mural del viaje por mar. Otro, más pequeño, tiene el patio más bonito y casi nunca hay nadie.

Cómo se hace bien:

  • Entra en dos, en dos distintos. Uno grande y uno pequeño.
  • Levanta la vista. Todo lo bueno está en el tejado y en las vigas.
  • A media tarde, cuando la luz entra de lado por el patio.

El respeto, que aquí sí importa: son templos en uso. Hay gente rezando y quemando incienso. Hombros y rodillas cubiertos, voz baja, y no te pongas delante de alguien que está rezando para hacer una foto. Si quieres poner incienso, se puede y se agradece.

La letra pequeña: están dentro del casco antiguo y algunos entran en el billete de la zona y otros son de entrada libre. Está en el bloque de compras del destino, comprobado.

Centro de Da Nang

El museo de escultura cham: la mitad que le falta a My Son, y está en un edificio con aire

En el centro de Da Nang, en un edificio colonial de principios del siglo XX, está la mejor colección del mundo de escultura del reino de Champa. Son las piezas que salieron de My Son y de los demás santuarios de esta costa: los altares, los frontones, las divinidades, los bailarines de piedra.

Por qué es importante en este viaje: en My Son se ven las torres vacías. Todo lo que las decoraba y todo lo que había dentro está aquí. Ver los dos sitios es ver una sola cosa, y el orden da igual - de hecho ver primero el museo hace que My Son se entienda mejor.

Qué mirar:

  • El altar de piedra con la escena narrativa alrededor, que es la pieza mayor.
  • Las divinidades hindúes -Shiva, Ganesha, Vishnu- hechas con cara y cuerpo del sudeste asiático.
  • Los pechos de piedra de los frontones de los altares, que son una de las marcas del arte cham.
  • Los bailarines y las apsaras, que son lo más bonito de la colección.
  • Y las salas por yacimientos, que enseñan cómo cambia el estilo en mil años.

Hora y media se hace bien.

Cómo se hace bien:

  • A mediodía, que es cuando no se puede estar fuera. Tiene aire acondicionado, y en Da Nang eso es un argumento.
  • Con audioguía, porque las cartelas son escuetas.
  • Es pequeño: no hace falta más de dos horas y no se cansa nadie.

Letra pequeña: se paga entrada -está en el bloque de compras del destino- y el horario se comprueba la víspera. Está a diez minutos andando del río y de los puentes, así que encadena con el paseo del atardecer.

Con niños funciona a partir de ocho o nueve años, y mejor si se les cuenta la historia del reino antes de entrar.

Ciudadela

La ciudadela de Hue: tres horas de palacio imperial, y la mitad son solares

El recinto amurallado de Hue es lo más monumental del viaje: un cuadrado de varios kilómetros de muralla con foso, con puertas de tejado curvo y con una ciudad prohibida dentro. Cuenta tres horas largas.

Lo que hay que saber antes de entrar, para que la visita sea lo que es: la batalla de Hue de 1968 arrasó el interior. De los cientos de edificios de la ciudad prohibida quedan en pie unas pocas decenas, y muchos son restauración reciente. Se visita a la vez un palacio y un solar con historia.

El recorrido:

  1. La puerta del mediodía, con la explanada de la bandera delante. Es la foto.
  2. El palacio de las ceremonias: columnas laqueadas en rojo y oro, techos con poemas, el trono al fondo.
  3. Los patios y las galerías que llevan al fondo.
  4. La ciudad prohibida, donde está el hueco. Los cimientos marcados en el suelo dicen lo que había.
  5. Los pabellones laterales restaurados, que son los que dan idea de cómo era todo esto.
  6. La biblioteca real y los jardines, al fondo, que son lo más tranquilo del recinto.

Cómo se hace bien:

  • Temprano. Es enorme, casi todo al sol y a mediodía es muy duro.
  • Agua y sombrero. No hay dónde comprar dentro salvo en dos puntos.
  • Alquila la audioguía o ve con guía. Sin explicación, esto son puertas bonitas.
  • Hombros y rodillas cubiertos para las zonas de culto.

Letra pequeña: la entrada del recinto se paga y hay billete combinado con las tumbas imperiales, que sale mejor si vas a ver dos o tres. Está en el bloque de compras del destino, comprobado. Comprueba el horario la víspera: cambia con la temporada.

Con niños es largo; se salva con el foso, las murallas y los cañones, que les gustan más que los tronos.

Isla de los carpinteros

La aldea de los carpinteros de ribera: donde se hicieron las casas del casco antiguo y todavía se hacen barcos

En la isla que hay enfrente del casco antiguo está la aldea de carpintería que construyó Hoi An: las vigas, las puertas y las columnas de las casas que se visitan al otro lado del río salieron de aquí, y de aquí salían también los barcos del puerto.

Lo que la hace distinta de una visita de artesanía al uso: aquí se trabaja en grande. No es un taller de recuerdos: son cascos de barco a medio hacer, vigas de varios metros, sierras de mano y azuela. El ruido y el olor a madera son la mitad de la visita.

Qué se ve:

  • El astillero, con barcas de pesca en construcción o en reparación. Se hacen a mano y sin plano, con las medidas en la cabeza del maestro.
  • Los talleres de talla, donde se hacen puertas, altares y figuras.
  • Las casas de madera de la aldea, que son el mejor ejemplo de cómo se construía aquí.

Cómo se llega: en barca desde el muelle del casco antiguo -cinco minutos- o en bici por el puente. La barca es parte del plan.

Cómo se hace bien:

  • Encadénala con la aldea de alfarería, río arriba. Es el recorrido natural y las barcas lo hacen.
  • Pide permiso antes de fotografiar a alguien trabajando y no te metas en el astillero sin que te inviten: hay herramienta y hay peligro.
  • Compra directamente en el taller si te llevas algo tallado.

Lo que se puede traer: cuencos, tablas, palillos, alguna talla pequeña. Lo grande no cabe y lo saben: si te ofrecen envío, es un tema aparte y hay que preguntarlo bien.

Con niños es entretenido a ratos: el astillero les llama la atención y el resto se les hace largo.

Hora y media con la barca incluida.

Mercado y huertas

Clase de cocina con mercado y barca: media jornada y lo que más se usa al volver a casa

De todo lo que se puede hacer en Hoi An, la clase de cocina es lo que más gente se lleva puesto a España. Y aquí están bien montadas: casi todas incluyen mercado, trayecto en barca y cuatro o cinco platos.

Cómo va una media jornada tipo:

  1. Mercado a primera hora con quien te da la clase. Se compra lo del día y se explica cada hierba, que es la parte que de verdad enseña.
  2. Barca por el río hasta la huerta o la casa donde se cocina, a las afueras.
  3. Vuelta por el huerto, cortando lo que se va a usar.
  4. Cocinar, cada uno en su fogón: normalmente un rollito, una sopa, un salteado y un plato de la casa.
  5. Comer lo que has hecho, que es la mejor parte.

Cuatro horas de reloj, contando el mercado.

Cómo elegir bien, que es todo:

  • Grupo pequeño. Seis u ocho personas. En los de treinta no se cocina: se mira.
  • Un fogón por persona. Si hay que compartir, no cocinas.
  • Que incluya el mercado. Sin mercado es media clase.
  • Pregunta si se puede adaptar a vegetariano, a sin gluten o a una alergia. Se puede casi siempre si se avisa al reservar, y no si se avisa al llegar. La salsa de pescado está en todo.

Lo que te llevas: las recetas por escrito y, sobre todo, haber entendido tres cosas - el equilibrio de dulce, salado, ácido y picante; que la hierba fresca se pone al final y cruda; y que el arroz se hace bien o no se hace.

Con niños hay clases pensadas para ellos, con menos cuchillo y más rollito.

Y una advertencia práctica: se cocina con fuego y con calor, en un sitio abierto, y se suda. Ropa fresca y calzado cerrado.

Mercado y puerto

El mercado y el barrio del puerto: comer pescado donde come Da Nang

Da Nang no tiene casco antiguo, pero tiene mercado y tiene puerto, y eso es donde está la ciudad de verdad.

El mercado grande del centro, junto al río, es de los que todavía funcionan: pescado y marisco a primera hora, hierbas, fideos frescos, telas y una zona de puestos de comida al fondo. Es más grande y menos turístico que el de Hoi An.

Y el barrio del puerto y de la lonja es donde hay que comer marisco. Funciona así: eliges el bicho vivo del tanque o de la caja de hielo, se pesa delante de ti, acuerdas el precio por kilo y cómo lo quieres -al vapor con hierba de limón, a la brasa, con sal y chile- y te lo sacan.

Lo que hay que saber para que no haya sorpresa:

  • El precio se acuerda POR KILO y se pesa delante. No aceptes «ya lo vemos luego». Es donde se producen casi todos los malentendidos.
  • Pregunta el precio de las guarniciones y de las bebidas también, que es donde se estira la cuenta.
  • Sitio con clientela local y rotación. Los tanques limpios y llenos.

Qué pedir: almeja al vapor, gamba a la sal, calamar a la brasa, cangrejo, caracola de mar, y el pescado blanco entero a la parrilla envuelto en hoja de plátano.

Una hora larga en el mercado; la comida, lo que dure.

Cuándo: el mercado, temprano. El marisco, a la hora de cenar, que es cuando está la ciudad.

La honestidad: hay zonas de marisco montadas para el visitante, con carta plastificada y gente en la puerta llamando. Se distinguen a la primera y no son el sitio. El bueno tiene mesas de plástico, ruido y ningún cartel en inglés.

Para comer tranquilo, el bloque de salud del destino explica agua, hielo y marisco con fuente.

Mercado y ribera

El mercado central: donde la ciudad deja de ser un decorado

A un extremo del casco antiguo, junto al río, está el mercado de la ciudad, y es el sitio donde Hoi An se quita el disfraz. Aquí se compra la comida del día, se desayuna de pie y se discute el precio del pescado.

Cómo está organizado, que ayuda a no perderse:

  • Fuera y en el lado del río, el pescado y el marisco, a primera hora.
  • Dentro, la verdura, la fruta, las hierbas -montañas de hierbas, que es lo que más sorprende- y los fideos frescos.
  • Al fondo, la zona de puestos de comida: mesas corridas, taburete y un plato.
  • Y alrededor, telas, cestería y el bazar de siempre.

Qué hacer aquí de verdad:

  1. Desayunar. Es lo mejor que se puede hacer en este mercado. Una sopa de fideos a las siete de la mañana, sentado, rodeado de gente que va a trabajar.
  2. Mirar las hierbas. Menta, perilla, cilantro largo, albahaca de tres clases. Esto es la base de la cocina de aquí y explica por qué sabe distinto.
  3. Comprar especias y café si vas a llevarte algo. Se compra mejor aquí que en la tienda del centro.

Cómo se hace bien:

  • Temprano. A partir de las diez hace calor dentro y el género bueno se ha vendido.
  • Con billetes pequeños.
  • Se regatea, sin agresividad y con sonrisa. Es parte del trato, no un pulso.
  • Pregunta antes de fotografiar de cerca. Casi siempre es que sí.

La honestidad: en el mercado hay una parte claramente montada para el visitante -los puestos de recuerdos- y una parte que es el mercado. La segunda está al fondo y a primera hora.

Para comer aquí con tranquilidad, mira antes el bloque de salud del destino: agua, hielo y comida de calle están explicados con fuente.

El mercado grande de Hue: la despensa de la mejor cocina de Vietnam

A la orilla del río, junto al puente, está el mercado histórico de Hue, que es enorme y que es donde se entiende por qué se come tan bien en esta ciudad.

Qué buscar dentro:

  • Las pastas de gamba y de anchoa fermentadas, en tinajas y de diez colores. Son la base del sabor de la cocina de Hue y no se parecen a la salsa de pescado del resto del país.
  • Los chiles, secos, en polvo, en aceite y en salsa. Aquí se pica más que en ningún otro sitio de Vietnam y esta es la razón.
  • Las hierbas, en montañas.
  • Los pastelitos de arroz al vapor, envueltos en hoja de plátano, listos para llevar.
  • Los sombreros cónicos hechos en las aldeas de al lado, con el dibujo escondido entre las capas que solo se ve al trasluz.
  • Y la zona de comida, con mesas corridas, que es donde hay que comer.

Cómo se hace bien:

  • Temprano. A mediodía, dentro, hace un calor difícil y hay poco aire.
  • Billetes pequeños y regateo tranquilo en la parte de bazar. En la parte de comida no se regatea.
  • Come sentado en la zona de puestos. Un plato, se paga, se sale.
  • Pregunta antes de fotografiar de cerca.

Una hora basta para verlo y comer algo.

La honestidad: la parte de recuerdos y de ropa es intensa y hay insistencia comercial. Se atraviesa sin parar y ya está. La parte que interesa es la de comida y la de especias, al fondo.

Para comer con tranquilidad, mira el bloque de salud del destino: agua, hielo y comida de calle están explicados con fuente.

Montaña de Ba Na

El teleférico de Ba Na y el puente de las manos: seis horas, mil metros de subida y un parque temático arriba

A una hora al oeste de Da Nang, un teleférico sube más de mil metros seguidos por encima de la selva hasta una montaña que los franceses usaron como refugio de verano. Es de los teleféricos más largos y con más desnivel del mundo, y el trayecto es lo mejor del día.

Cuenta seis horas con el traslado incluido: es un día entero, no una excursión de media mañana.

Qué hay arriba:

  • El puente de las manos, la pasarela dorada sostenida por dos manos gigantes de piedra. Es idéntico a las fotos y está igual de lleno. Se ve en diez minutos.
  • Una réplica de pueblo francés con plaza, iglesia, calles y bodega.
  • Jardines, miradores y templos.
  • Una zona de atracciones y juegos bajo techo, enorme.
  • Y las ruinas de la colonia francesa original, que es lo que menos gente mira y lo que más interés tiene.

Hay que decirlo claro: arriba hay un parque temático en la cima de una montaña. A quien busque Vietnam auténtico esto le va a chirriar; a quien vaya con niños o con amigos, le va a salvar el día. Las dos reacciones son razonables.

Cómo se hace bien:

  1. Sube a primera hora. A media mañana hay cola de teleférico y la nube ya ha tapado la vista.
  2. Puente primero, foto y seguir.
  3. Jardines y miradores con el rato bueno.
  4. Baja a media tarde, antes de la avalancha.

Letra pequeña, y aquí hay tres cosas que sorprenden:

  • Llévate una chaqueta fina. Arriba puede haber quince grados y niebla mientras abajo hay treinta y cinco. Es el único sitio del viaje donde vas a pasar frío.
  • Es de lo más caro del destino, con diferencia. El billete incluye teleférico y atracciones; está en el bloque de compras, con el precio comprobado.
  • Con niebla cerrada no se ve nada, ni desde el teleférico ni desde el puente. Mira el parte antes de salir de Da Nang.
  • Se come arriba y se come regular.

Con vértigo, el teleférico es largo y alto. Piénsalo.

Montañas de Mármol

Las Montañas de Mármol: colinas huecas con pagodas dentro y una cueva de altura de catedral

Entre Da Nang y Hoi An, plantadas en una llanura de arena, hay cinco colinas de mármol y caliza con nombre de los cinco elementos. Por fuera parecen poca cosa; por dentro están huecas, y ahí está todo.

Se sube a una sola, la mayor, que es la que está preparada para visitar. Dos horas y media bien hechas.

Qué hay dentro:

  • La cueva grande, a la que se entra por un pasillo bajo y que se abre en una sala de altura de catedral con un Buda tallado en la roca y un haz de luz que entra en vertical por una abertura del techo. A media mañana ese haz cae encendido. Es la imagen del sitio.
  • Pagodas y templos repartidos por la ladera y por las cuevas, en uso.
  • Escaleras talladas en la roca que suben a dos miradores desde los que se ve la costa entera, de Hoi An a Da Nang.
  • Refugios y hospitales de campaña de la guerra dentro de las cuevas, señalizados. Esta colina se usó para eso.

Cómo se sube: hay ascensor -de pago aparte- que salva el primer tramo, y hay escalera. El ascensor no llega a todo: la parte alta y las cuevas se hacen a pie por escalones de piedra empinados.

Letra pequeña, y esta importa:

  • Calzado cerrado y con suela. La roca está pulida por millones de pisadas y con humedad resbala de verdad.
  • No es accesible en silla más allá del primer nivel.
  • Agua, que se suda mucho dentro.
  • Hombros y rodillas cubiertos: son templos en uso.
  • Linterna del móvil para las cuevas laterales.
  • Se paga entrada y el ascensor va aparte; está en el bloque de compras.

Al pie hay decenas de talleres de escultura en mármol, que es la industria histórica del sitio. Mirar cómo trabajan es gratis y merece la pena. Cuidado con el peso si compras, y con que lo que te vendan como mármol de aquí lo sea.

Con niños es de los mejores sitios del viaje: cuevas, eco y escalones.

Península de Son Tra

La península de Son Tra: la montaña que la ciudad tiene enfrente, con miradores y con langures

Da Nang tiene delante una montaña boscosa metida en el mar, y una carretera que la rodea a media altura. Es la escapada corta de la ciudad y lo más verde que vas a ver en este viaje.

Dos horas para subir, parar en dos o tres sitios y bajar.

Qué se ve:

  • La pagoda de la ladera, con una estatua blanquísima de la diosa de la misericordia mirando al mar que se ve desde toda la ciudad. El recinto es grande, con jardines y bonsáis, y las vistas de la bahía desde allí son las mejores del destino.
  • Los miradores de la cornisa, a los que casi nadie llega y desde los que se ve la playa entera de Da Nang.
  • El bosque, que es de verdad y no un parque.

Y lo que hace especial la península: en Son Tra vive el langur de patas rojas, un primate en peligro de extinción, y este es de los pocos sitios del mundo donde se ve en libertad. A primera hora de la mañana o a última de la tarde, en silencio y con paciencia, en la zona alta. No está garantizado ni de lejos, y así hay que decirlo: hay quien sube tres veces y no ve ninguno.

Cómo se sube: coche con conductor o taxi. No en moto - está explicado en el bloque de preocupaciones del destino. La carretera tiene rampas fuertes, curvas cerradas y tramos estrechos, y hay zonas restringidas.

Letra pequeña:

  • Hombros y rodillas cubiertos en la pagoda.
  • Prismáticos si de verdad vas por los langures.
  • No des de comer a ningún animal. Es lo peor que se puede hacer aquí.
  • Ve pronto o al atardecer: a mediodía hace un calor sofocante y la luz es plana.
  • Con niebla o lluvia no se ve nada y la carretera se complica. Es un plan de cielo despejado.

Con niños funciona bien como paseo corto en coche con paradas.

Playa de Da Nang

La playa de Da Nang: treinta kilómetros de arena a pie de ciudad, y la hora a la que se baña la gente de aquí

Da Nang tiene una de las playas urbanas más largas que se pueden ver: kilómetros y kilómetros de arena clara con la ciudad detrás y la península de Son Tra cerrando por el norte. Se baja del hotel y se está en el agua.

Tres horas es lo que cunde bien.

La hora, que es lo que hay que copiar de los locales: aquí la gente se baña al amanecer y al atardecer, no a mediodía. A las seis de la mañana la playa está llena de vecinos haciendo ejercicio, nadando y desayunando; a las doce está vacía. Las horas punta de socorristas que publica la junta que gestiona las playas de Da Nang, del 15 de marzo al 30 de septiembre, son justo esas: de 4:30 a 7:30 y de 15:00 a 19:00. Si te bañas a mediodía, te estás bañando solo por algo.

Qué hay:

  • Tramos con socorrista, banderas y zona acotada, que son donde hay que meterse.
  • Hamacas y chiringuitos en la parte central.
  • Oleaje de verdad en según qué meses - de hecho es una de las playas donde se puede aprender a surfear, con escuelas en la arena.
  • Puestos de marisco al final de la tarde.

Lo del mar, que no es un detalle: la junta que gestiona las playas turísticas de Da Nang avisa de que en los cambios de estación aparecen corrientes de resaca muy peligrosas, y de que engañan: se ven como una zona de agua tranquila, casi sin olas, que parece segura. Pide bañarse solo dentro de la zona balizada y seguir las indicaciones de los socorristas. Báñate donde haya banderas y socorrista. Si un trozo largo de playa está vacío en un día bueno, hay un motivo.

Lo práctico:

  • Crema alta, sombrero y camiseta en el agua. El sol de aquí no avisa.
  • No dejes nada de valor en la toalla.
  • Ducha en los puestos, que suelen tenerla.
  • Efectivo pequeño.

Con niños es cómoda: entrada suave donde hay banderas y todo a mano.

En temporada de lluvias y tifones el mar cambia por completo, y la misma junta es clara: no se puede bañar en los días de mal tiempo, mar agitado u olas grandes, ni donde haya cartel de prohibido el baño. Haz caso a las banderas: la zona segura es la balizada, la que se marca con banderas amarillas y rojas.

Y una idea que funciona muy bien el último día del viaje: baño a primera hora, desayuno en la arena y al aeropuerto, que está a veinte minutos.

Playas del norte

La playa de las casetas de bambú: media jornada de tumbona, marisco y siesta

A unos cuatro kilómetros del casco antiguo, la playa del norte es la que ha conservado el aire de pueblo: casetas de bambú, tumbonas bajo sombrilla de paja y chiringuitos de familia en fila. Se llega en bici en un cuarto de hora por camino llano.

Cómo funciona un día aquí:

  1. Eliges chiringuito y te dan tumbona y sombrilla. No se paga la tumbona: se consume.
  2. Baño largo por la mañana. El agua está caliente casi todo el año.
  3. Comes allí mismo: pescado a la brasa, calamar, almeja al vapor con hierba de limón, arroz. Es de lo mejor que se come en el destino y no es caro.
  4. Siesta. Es lo que hace todo el mundo.
  5. Y te vas al atardecer, que es cuando llega la gente de la ciudad a bañarse.

Lo que hay que mirar del mar, y esto no es opcional: la junta que gestiona las playas turísticas de Da Nang, en esta misma costa, avisa de que en los cambios de estación aparecen corrientes de resaca muy peligrosas, y de que engañan: se ven como una zona de agua tranquila, casi sin olas, que parece segura. Pide bañarse solo dentro de la zona balizada y seguir las indicaciones de los socorristas. Y hay tramos donde el mar se ha comido la arena y han puesto escollera. Báñate donde haya banderas, socorrista y gente. Un trozo de playa vacío en un día bueno suele estar vacío por algo.

Lo que hace falta: crema alta, sombrero, agua, efectivo pequeño y repelente para el final de la tarde. El dengue es endémico en Vietnam, según el Ministerio de Asuntos Exteriores, y el CDC estadounidense sitúa el mayor riesgo de picadura de su mosquito a primera hora de la mañana y al final de la tarde. El resto, en el bloque de salud.

Con niños es la mejor playa del destino: arena blanda y entrada suave donde hay banderas.

La honestidad: la playa cambia mucho de un año a otro por la erosión, y hay temporadas en las que un tramo concreto está en obras de defensa. Pregunta en el alojamiento por cómo está ese mes, que lo saben.

Cuenta cuatro horas para que compense el viaje. Menos, no.

Río Han

Los puentes del río Han al anochecer: media hora de paseo y el orgullo de la ciudad

Da Nang se construyó entera en veinticinco años y sus puentes son de lo que presume. Hay varios seguidos sobre el río Han y todos se iluminan al anochecer. Media hora de paseo por la orilla es de las mejores cosas gratis del viaje.

Los que hay que ver:

  • El puente con forma de dragón, que recorre el río con el cuerpo del animal en arcos y la cabeza levantada en un extremo. Escupe fuego y agua por la boca en un espectáculo corto que se hace algunos días de la semana a una hora fija. Comprueba el día y la hora en el momento: cambia, y es exactamente el dato que deja a alguien esperando en un puente una hora de más.
  • El puente que gira, que es un puente basculante y que rota sobre su eje de madrugada para dejar pasar barcos. Verlo exige trasnochar bastante.
  • El puente de tirantes con el arco iluminado, que es el más elegante de todos.

Cómo se hace bien:

  • Empieza en el museo cham, que está en la orilla, y sal andando cuando cierre.
  • Cruza uno de los puentes a pie. Tienen acera y se cruzan bien.
  • Cena en la otra orilla y vuelve andando.
  • Si vas a ver el dragón, colócate en el puente o en la orilla con antelación: se llena.

Para hacer fotos, la orilla oeste con los puentes en fuga y los rascacielos detrás es la imagen que resume la ciudad nueva.

Con niños, el dragón echando fuego es de las cosas que más recuerdan del viaje.

Letra pequeña: el espectáculo es ruidoso, hay mucha gente y se corta el tráfico; con carrito de bebé es incómodo. Y cuidado al cruzar la calzada en esa zona a esa hora, que es cuando más motos hay.

Río Perfume

La pagoda de la torre octogonal: el símbolo de Hue y el coche que guarda dentro

En una colina sobre el río Perfume, unos kilómetros aguas arriba del centro, está la pagoda más conocida de Vietnam: una torre octogonal de siete pisos, uno por cada encarnación de Buda, que se ve desde el agua y que sale en todas las fotos de Hue.

Es un monasterio en activo, no un monumento vacío: hay monjes, hay clases y hay huerto. Se visita con respeto y en silencio.

Qué se ve:

  • La torre, que se mira desde fuera; no se sube.
  • El patio y el templo principal, con el Buda dorado y las campanas.
  • Los jardines de atrás, tranquilos y con bonsáis.
  • Y la pieza que nadie espera: un coche azul de los años cincuenta, expuesto en un cobertizo del recinto. Es el coche en el que un monje de esta pagoda viajó a Saigón en 1963 para quemarse a lo bonzo en protesta contra el régimen de entonces. La fotografía de aquello dio la vuelta al mundo y cambió la política de un país. El coche está ahí, con la foto al lado. Es el momento más fuerte de la visita y conviene llegar sabiéndolo.

Cómo se llega: en barca por el río desde el centro -que es la forma bonita y suele encadenarse con las tumbas- o en coche en diez minutos.

Tres cuartos de hora bastan.

Letra pequeña:

  • Entrada libre, que es una rareza en Hue.
  • Hombros y rodillas cubiertos. Aquí no es una recomendación de guía: es un monasterio.
  • Silencio y no fotografiar a los monjes de cerca sin permiso.
  • Escalones desde el embarcadero.

A primera hora de la mañana, con la niebla del río, es cuando el sitio está mejor.

Subir el río Perfume en barca: dos horas lentas que son el mejor traslado del viaje

Las barcas de Hue -con la proa pintada de dragón, que es como se llaman aquí- suben el río desde el centro hasta la pagoda de la colina y siguen hacia las tumbas. Es a la vez un paseo y un medio de transporte, y es la forma en que se ha ido a esos sitios durante siglos.

Dos horas para el trayecto de ida con parada, más si se encadenan tumbas.

Qué se ve desde el agua:

  • La ciudadela y las murallas desde fuera.
  • Las dragas de arena trabajando en el cauce, que es la vida real del río.
  • Las casas flotantes y las barcas de pesca.
  • La colina de la pagoda, que aparece de golpe en una curva.
  • El campo, en cuanto se sale de la ciudad.

Cómo se hace bien:

  • Cierra el precio y el recorrido antes de subir, por escrito si puede ser: cuántas paradas, cuánto rato en cada una y a qué hora se vuelve. Es el punto donde más malentendidos hay. Cómo va el regateo está en el bloque de dinero del destino.
  • Barca compartida o privada: la compartida sale mucho más barata y va igual de lenta.
  • Por la mañana temprano o a última hora de la tarde. A mediodía, en una barca de techo bajo y sin aire, se pasa mal.
  • Sombrero y crema, que el sol del río pega por partida doble.

Lo que hay que saber: suele haber una venta de recuerdos a bordo en algún momento del trayecto. No es agresiva y se declina con una sonrisa, pero conviene saberlo para que no te pille.

Chaleco puesto. Con niños, sin excepción.

En temporada de lluvias el río sube y las barcas pueden no salir. Mira el bloque de clima y los planes B antes de contar con este trayecto en octubre o noviembre.

Río Thu Bon

Barca por el río al atardecer: cuarenta y cinco minutos y la mejor vista del casco antiguo

Una barca de remo, dos personas o cuatro, y cuarenta y cinco minutos por el tramo del río que pasa por delante del casco antiguo, justo cuando se pone el sol y se encienden los faroles. Es la actividad más tópica de Hoi An y es tópica porque funciona.

Por qué a esa hora exactamente: la fachada del casco antiguo mira al río y se ilumina entera. La media hora entre que el sol se va y la noche cierra es cuando hay a la vez luz en el cielo y farol encendido. Media hora antes es soso; una hora después, negro.

Cómo se hace bien:

  • Negocia antes de subir, precio cerrado y tiempo cerrado. Aquí se pacta en el muelle y conviene tenerlo claro para no discutir a bordo. Cuánto cuesta y cómo va el regateo está en el bloque de dinero del destino.
  • Barca de remo, no de motor. La de motor va rápida y hace ruido, que es justo lo contrario de lo que se busca.
  • Que os lleven río abajo y luego arriba, para ver las dos orillas.
  • Chaleco puesto. Se dan.

Lo de los farolillos que se echan al agua es la postal y también el punto incómodo: son cientos de velas y de plástico al río cada noche. Si lo haces, que sea de papel y una vez.

Con niños funciona bien pero la barca es baja y estrecha: van sentados y quietos, y con chaleco sí o sí.

Para hacer fotos, este es el sitio de la foto de postal - y también el sitio donde todo el mundo lleva la misma. La buena está en la orilla de enfrente, desde el puente peatonal, y no cuesta nada.

En temporada de crecidas el río va alto y rápido y las barcas no salen. No es un contratiempo: es lo correcto.

Río Thu Bon desde My Son

Volver de My Son por el río: hora y media de barca en vez de hora y media de carretera

La mayoría de las excursiones a My Son van y vuelven por carretera. Hay una versión mejor: se sube en coche a primera hora y se vuelve en barca por el río, que es como se llegaba antiguamente y como se transportaba la piedra.

Qué cambia:

  • La vuelta deja de ser tiempo muerto. Hora y media de río lento en lugar de hora y media de carretera con calor.
  • Se ve el campo desde el agua: búfalos, redes, aldeas de ribera, gente lavando.
  • Suele parar en la aldea de carpintería de la isla antes de llegar a Hoi An, que encadena bien.
  • Se llega al casco antiguo por el muelle, que es la forma bonita de entrar en esta ciudad.

Cómo va: se sale de Hoi An de madrugada en coche o minibús, se visita el santuario a primera hora y la barca espera en un embarcadero del río a media mañana. Se come a bordo o en una parada.

Lo que hay que saber:

  • Es más lento en total. Si tienes prisa, no es tu opción.
  • Va descubierto o semicubierto: sombrero y crema. La OMS recuerda que las superficies reflectantes, como el agua, aumentan la radiación ultravioleta: en el río, el sol llega por arriba y rebota por abajo.
  • Chaleco puesto.
  • En temporada de crecidas el río va alto y rápido y estas salidas se paran. Con razón.

Con niños mayores es mejor que la vuelta en coche; con bebés es incómodo.

Y una nota honesta: hay versiones de esta excursión que son un trayecto de veinte minutos en barca vendido como «vuelta por el río». Pregunta cuántos minutos de navegación son antes de reservar.

Tumbas imperiales

La tumba imperial de hormigón y cerámica rota: la más rara del país y la más discutida

Esta tumba no se parece a nada vietnamita, y por eso hay que verla después de otra más clásica: el contraste es lo que la explica.

Por fuera es una mole gris de hormigón encaramada en una ladera, con escalinatas monumentales, dragones de barandilla y estatuas de mandarines. Parece más un mausoleo europeo que un monumento asiático, y esa mezcla fue deliberada: se construyó en el primer tercio del siglo XX, con materiales importados y con gusto de la época.

Por dentro es otra cosa completamente. La sala principal está forrada de arriba abajo de mosaico hecho con porcelana rota y vidrio de colores: flores, dragones, paisajes, y un dosel de hormigón que imita una tela colgada y que pesa toneladas. Es abrumador, un poco delirante y absolutamente único.

El contexto incómodo, que es parte de la visita: la obra se pagó subiendo un impuesto, y aquello sentó fatal en el país. La figura del emperador que la mandó hacer sigue siendo discutida en Vietnam por su relación con la administración colonial. Verlo sabiendo esto cambia lo que se está mirando.

Qué mirar:

  • La escalinata desde abajo, que es donde se ve el disparate de escala.
  • La fila de mandarines de piedra del patio.
  • El mosaico de cerca. Fíjate en los trozos: son platos y tazas rotas.
  • La vista del valle desde la terraza alta.

Una hora basta y sobra.

Letra pequeña: muchas escaleras y empinadas, sin alternativa. Se paga entrada aparte o va en el billete combinado; está en el bloque de compras. A mediodía el hormigón devuelve el calor y es asfixiante: mejor temprano o a última hora.

Con niños funciona mejor que las otras tumbas: los dragones y el mosaico brillan.

La tumba imperial del lago y los pinos: la más bonita y la que hay que ver si solo ves una

De todas las tumbas imperiales de Hue, esta es la que hay que ver si solo se ve una. No parece una tumba: parece una casa de campo de retiro, con un lago cubierto de nenúfares, pabellones sobre el agua, pinos, un pequeño teatro y muros bajos cubiertos de musgo.

Y es que eso es exactamente lo que fue. El emperador que la mandó construir la usó en vida como residencia de descanso: escribía poesía allí, pescaba en el lago y recibía en el pabellón. La construyó durante años y acabó siendo el sitio donde vivía, no donde iba a estar enterrado.

El detalle que hace la visita: la estela de piedra la escribió él mismo. Lo normal era que el sucesor escribiera el elogio del emperador muerto; él no tuvo hijos, así que redactó su propio texto - y en lugar de elogiarse, se acusa: reconoce sus errores de gobierno y pide que se le juzgue por ellos. Es una piedra enorme y es de las cosas más humanas que vas a leer en un monumento.

Qué mirar:

  • El pabellón sobre el lago, desde el otro lado del agua.
  • La escalinata de los mandarines de piedra, más pequeños de lo esperado.
  • El teatro real, minúsculo.
  • El musgo y los pinos, que son la mitad del sitio.

Hora y media para hacerla con calma.

Cómo se llega: en coche desde el centro de Hue, un cuarto de hora largo. Encadena bien con las aldeas de artesanía de la zona.

Letra pequeña: se paga entrada aparte o entra en el billete combinado con la ciudadela; está en el bloque de compras. Hay escaleras y desniveles. Sombrero y agua.

A primera hora de la mañana no hay nadie, y con niebla de río es cuando mejor está.

Valle de My Son

El santuario de My Son: torres de ladrillo del reino de Champa en un valle cerrado

A una hora larga de Hoi An, en un valle rodeado de monte, están las torres de ladrillo rojo del mayor conjunto de templos del reino de Champa, la civilización hindú que dominó esta costa desde el siglo IV. Es lo más antiguo que vas a ver en este viaje con diferencia.

Cuenta tres horas dentro, más el trayecto.

Qué se ve. Los grupos de templos están señalizados por letras y se recorren por un camino. Lo que impresiona es técnico: el ladrillo está ajustado sin argamasa visible y tallado después de construir, y cómo lo hicieron sigue siendo objeto de discusión. Las restauraciones modernas con cemento se distinguen a simple vista y han envejecido peor que el original de mil años.

Y lo que hay que saber antes de entrar: My Son fue bombardeado durante la guerra de Vietnam. El grupo principal, que era el más importante del conjunto, quedó destruido. Hay cráteres de bomba dentro del recinto, señalizados. Verlos cambia la visita entera.

Cuándo ir, que es lo único importante de esta actividad:

  • A primera hora, cuando abren. A media mañana llegan los autobuses y el sitio es pequeño.
  • El calor en el valle a partir de las diez es muy duro y no hay sombra.
  • La luz de primera hora sobre el ladrillo es la razón de las fotos de My Son.

El horario lo publica el Consejo de Gestión del sitio y no se mueve con la temporada, al contrario de lo que se lee por ahí: de lunes a domingo, festivos y Tet incluidos, de 06:00 a 17:00, el mismo horario en verano y en invierno. La entrada cuesta 150.000 VND para extranjeros (unos 4,92 € al cambio de esta biblioteca, 1 € = 30.458 VND). Hay además pases de danza cham en el recinto a horas fijas de la mañana y de la tarde. Compruébalo igualmente en su web la víspera: un horario publicado se cambia con un aviso.

Letra pequeña:

  • Calzado cerrado. Tierra, raíz y ladrillo suelto.
  • No te salgas de los caminos marcados. No es decorativo: es una zona que fue bombardeada.
  • Agua, mucha.
  • Hombros y rodillas cubiertos: es un recinto religioso.
  • Se llega en coche con conductor, en excursión o en barca-y-coche. No en moto.

Hay pases de danza cham en el recinto a horas fijas; duran poco y merecen la pena.

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