A pie y en barco: la ciudad que se camina y la que se cruza
Lisboa se recorre andando más de lo que la gente calcula, y no por distancia sino por desnivel. Dos avisos que valen más que cualquier mapa:
Las cuestas. Entre dos puntos que en el plano están a diez minutos puede haber una colina entera. Antes de decidir un trayecto a pie, mira el relieve en el mapa del móvil: es la diferencia entre un paseo y una escalada. La estrategia que funciona es subir en transporte y bajar caminando, encadenando miradores.
El suelo. El empedrado blanco y negro de las aceras es precioso y resbala mucho cuando llueve o cuando está pulido por el uso. Calzado con suela de goma y algo de dibujo; las sandalias planas y las suelas lisas son la causa número uno de resbalones del viaje. Con carrito de bebé o con silla de ruedas, el casco viejo es directamente difícil: la zona llana de la Baixa, la ribera y la zona moderna del este son mucho más practicables.
Los barcos. Cruzar el Tajo es transporte público: sale del centro cada pocos minutos, cuesta alrededor de 1,50 € estimado y en diez minutos estás en la otra orilla, desde donde se ve la mejor panorámica de la ciudad. Se paga con la misma tarjeta recargable. En cubierta hace viento y refresca aunque el día haya sido cálido.
Y una cosa que casi nadie aprovecha: el barco a última hora de la tarde, con la ciudad encendiéndose de frente en la vuelta, es la actividad más barata y más bonita de Lisboa.